Preocupación constante: un inevitable síntoma de ansiedad

La ansiedad es una respuesta, una alarma que se activa cuando el organismo percibe que estamos ante un peligro y tenemos que reaccionar. Es, de hecho, un mecanismo muy sofisticado, complejo y en muchas ocasiones necesario para la supervivencia. Sin embargo, muchos factores influyen para que se active en situaciones en las que no debería activarse, produciendo mucho temor y desconcierto. En muchos casos es un mecanismo que se va construyendo sobre sí mismo, el cual, de manera inconsciente, vamos alimentando.

Es difícil imaginar ansiedad sin preocupación, definitivamente más que un síntoma, es un componente esencial de la misma. La preocupación es un elemento de la ansiedad que funciona a veces como síntoma y a veces como factor de mantenimiento. Normalmente cuando nos encontramos en una situación que no es del todo confortable, aflora la preocupación y esto es normal. Cada persona experimenta en el día a día una dosis tolerable y manejable de preocupación.

El problema surge cuando notamos que son más y más las fuentes de intranquilidad y nos vemos excesivamente enfocados en lo que “podría” pasar. Este tipo de preocupación constante causa agotamiento en el organismo, el cual comienza a interpretar la situación como una situación de peligro y procede a prepararse para “luchar o huir”, respuesta que, a grandes rasgos, desencadena lo que se conoce como un ataque de pánico. Esta reacción fuera de lugar no hace más que sumarse a las preocupaciones previas y generar lo que se denomina la espiral de ansiedad.

La capacidad de concentración se ve muy alterada cuando son los sentimientos de preocupación los que gobiernan nuestra mente. A quienes sienten preocupación crónica, se les hace difícil ver el cuadro completo, usualmente se encuentran preocupados por detalles irrelevantes.

Se dice que quienes padecen trastorno de ansiedad generalizada pueden encontrar un sin fin de razones para sentirse intranquilos. La preocupación constante como síntoma de ansiedad, no se trata de una preocupación específica, es más algo que está ahí latente, esperando encontrar una razón para hacerse notar. Puede ser un detalle del trabajo, puede ser un ligero malestar estomacal, puede ser el hecho de que un ser querido no nos ha contestado una llamada. Para quien sufre de ansiedad generalizada, su preocupación parece no conocer límites, aún si no pueden localizar la fuente de su preocupación (lo cual es muy normal), saben que está ahí porque pueden sentir la tensión.

Como menciono más a profundidad en el libro Venciendo Tu Ansiedad (click aquí para más información), muchos utilizan esta preocupación como un mecanismo de control; esto lo sé, porque a mí me pasaba mucho. Pensaba que si me preocupaba lo suficiente, podía lograr que todo caminara de acuerdo a mi plan y podría evitar que pasaran cosas malas. Sobra decir que es imposible tener un control así sobre el futuro y que, por el contrario, las consecuencias de mantenernos tan alerta todo el tiempo pueden ser bastante negativas. Es muy importante romper con esas estructuras de control, si deseamos superar nuestra ansiedad.

La preocupación crónica, en la mayoría de los casos, es contraproducente. Afecta tu vida diaria tanto que puede interferir con tu apetito, relaciones interpersonales, tu sueño e incluso con tu desempeño laboral. Es por esta razón muy importante buscar un tratamiento.

Existen muchas opciones diversas para tratar la ansiedad, pues en general, el tratamiento debe adaptarse a las necesidades y preferencias de cada persona. Para muchos es muy efectiva la terapia, para otros, los medicamentos los han llevado a ese anhelado balance. Yo en lo personal he trabajado más con terapias de autoayuda y muchos (muchos) cambios en mi vida cotidiana y así fue como desarrollé Venciendo Tu Ansiedad. En fin, todas las opciones son válidas siempre y cuando busquemos sentirnos mejor y de preferencia consultemos nuestras dudas con un profesional.

 

Leave a Comment

Copyright @2015