Evasión y ansiedad

Uno de los principales pilares de los trastornos de ansiedad son las conductas de evasión. Las conductas de evasión son una manera temporal de lidiar con los sentimientos de ansiedad. Para mantenernos alejados de lo que nos incomoda o asusta, creamos complicadas redes y estructuras de control, que van creciendo hasta que perdemos nuestro poder sobre ellas.  Algo real (un pensamiento, un objeto, una situación) nos causa ansiedad, entonces lo evitamos y sentimos alivio, hasta que empezamos a evitar, también, todo lo que se relaciona con nuestro temor o nos lo recuerda y terminamos rodeados por la maraña de temores que fuimos creando nosotros mismos.

Normalmente estas conductas se asocian mucho con fobias, ansiedad social y trastorno obsesivo compulsivo. Las personas que sufren de estrés post traumático también suelen  desarrollar muchos comportamientos de evasión.   El comportamiento de evasión se suele  manifestar de tres maneras diferentes:

Evasión simple

Los verdaderos comportamientos de evasión incluyen evitar por completo situaciones, objetos o lugares temidos . Por ejemplo, para alguien con temor a manejar un automóvil, sería buscar otros medios de transporte alternos, aún cuando la opción más cómoda y segura sea ir manejando un automóvil.

Escape

Cuando una persona, por una u otra razón, no puede evadir aquello que teme, acude a comportamientos de escape. Estos comportamientos incluyen, por ejemplo, en alguien con fobia social, ir a una fiesta, pero intentar irse lo más pronto posible o esconderse en el baño.

Comportamientos de seguridad

No es posible evadir la situación y tampoco se puede escapar, se puede recurrir a comportamientos de seguridad, con el fin de aliviar la ansiedad. Algunos de estos pueden ser evitar el contacto con los ojos, cruzar los brazos, sentarse en la parte trasera de un salón de clases, apegarse a su teléfono móvil. Otros pueden recurrir a comportamientos más dañinos, como beber o usar drogas.

¿Cómo identificar este tipo de comportamiento?

Algunos están plenamente conscientes de que están evitando hacer cosas por su ansiedad y saben que esto les toma mucho trabajo, pero sienten que no pueden hacer nada al respecto. Otros no se percatan o se rehusan a aceptar las limitaciones que ellos mismos se imponen debido a su ansiedad. Sea como sea, hay comportamientos clave para reconocer que estamos evitando hacer cosas por temor:

  1. Cuando te vez forzado a hacer aquello que siempre intentas evitar, tus niveles de ansiedad aumentan considerablemente y de manera inmediata.
  2. Si alguien te habla sobre el tema, te pones a la defensiva.
  3. Las conductas de evasión se pueden reconocer, pues normalmente requieren un evidente esfuerzo extra. Por ejemplo, si debes ir a un lugar remoto e incómodo, donde claramente sería mejor llevar tu propio automóvil, pero insistes en ir por medio de transporte público o pagar un taxi.

¿Por qué es malo evadir?

En primer lugar, porque refuerzan y perpetúan la ansiedad. Si te sientes ansioso frente a algo (objeto, actividad, situación), lo evades y te sientes aliviado, pero el problema sigue ahí, pues la evasión no es una solución saludable a la ansiedad. Más bien, es un síntoma de la misma y es un factor de mantenimiento.  Por otro lado, este tipo de comportamientos tienen un alto precio emocional, físico y sobretodo, afecta mucho las relaciones humanas y la calidad de vida. Sí, puedes evitar para siempre viajar en avión, pero estarás perdiéndote oportunidades extraordinarias.

¿Qué se puede hacer para superar este síntoma de ansiedad?

  1. Aceptación. Empieza por aceptar tu ansiedad, conócela. Reconoce qué comportamientos de evasión tienes y cuál es el precio que estás pagando por ellos.
  2. Exposición. Se ha comprobado que la exposición es una de las maneras más efectivas para superar fobias y temores. La terapia de exposición consiste en enfrentar la situación, objeto, pensamiento o memoria temida, pero en un ambiente seguro y controlado. Más que enfrentar tu mayor temor de una vez, la terapia de exposición va aumentando gradualmente en tu escala de temor. Para mayor efectividad, se recomienda combinar esta técnica con ejercicios de respiración y relajación. Esta terapia se basa en el principio de que podemos adaptarnos a lo que sea, incluso situaciones muy incómodas, siempre y cuando la experiencia no sea abrumadora. Esto se llama habituarse y es un proceso natural.  Los principios de la exposición son simples: debe ser gradual, repetida y prolongada.
  3. La superación de las fobias y de la ansiedad van de la mano. Es importante enfrentar nuestros temores en dos sentidos: por un lado, trabajar para cambiar nuestras actitudes y pensamientos hacia lo que tememos y por otro, combatir poco a poco la respuesta física.

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