Anatomía de un ataque de pánico

Se puede decir que un ataque de pánico son muchos síntomas simultáneos, que inician  de manera abrupta. Todas estas sensaciones duran unos pocos minutos, lo cual hace que el diagnóstico sea difícil. Este tipo de ataques pueden suceder de manera espontánea, (incluso mientras la persona duerme) o pueden responder a un patrón. Cuando siguen un patrón, es porque probablemente tienen un desencadenante específico, como estar en cierto lugar o enfrentarse a alguna situación específica que causa incomodidad.

Los dos tipos tienen sus problemas colaterales. Por ejemplo, los ataques de pánico espontáneos pueden producir una sensación de inseguridad general. Los que están asociados a una situación específica, pueden llevar a quien los padece a limitarse y a hacer esfuerzos desmesurados para mantenerse a salvo del pánico, generando otra serie de problemas paralelos, como el desarrollo de fobias o la necesidad de generar rituales para sentirse seguros. Muchas personas afirman padecer un poco de ambas variaciones.

Para comprender cómo comienza un ataque de pánico, es importante estar conscientes de que un ataque de pánico es una reacción generada por nuestro sistema nervioso autónomo, como respuesta a lo que nuestro organismo ha percibido como una amenaza, haciendo que muchas de nuestras funciones corporales cambien de ritmo, de una manera repentina, para despertar en nosotros el instinto de supervivencia y prepararnos para escapar o pelear.

El sistema nervioso autónomo, controla, a grandes rasgos, las acciones involuntarias  de nuestro cuerpo, como son,  los movimientos del corazón, la respiración, la digestión, entre otros. Este sistema posee dos interruptores, por así decirlo, uno que activa una serie de mecanismos y uno que los relaja. Estos interruptores son el sistema nervioso simpático y el sistema nervioso parasimpático. El primero nos prepara en caso de que se requiera una respuesta rápida. Estas acciones tienen el propósito de redistribuir eficientemente la energía que tenemos disponible y para ello envía señales que hacen que las glándulas suprarrenales liberen adrenalina y noradrenalina. La adrenalina está encargada, básicamente, de contraer los vasos sanguíneos y dilatar los conductos de aire. La noradrenalina está más enfocada en la parte cardiaca, incrementando el ritmo de la frecuencia cardiaca y aumentando el flujo sanguíneo en el cuerpo. Es por esta razón que en un ataque de pánico entran en juego múltiples sensaciones corporales simultáneas, que pueden incluir hormigueo, sensación de asfixia, mareos, confusión y visión borrosa (pues las pupilas se dilatan), entre otras.

El Sistema Nervioso Parasimpático, por otro lado, se encarga de restaurar la calma, una vez que la amenaza percibida ha pasado. Este sistema es el que predomina en las situaciones de reposo.

Como puedes ver, aunque en su momento lo parece, un ataque de pánico no es un descontrol aleatorio. Todos los síntomas corporales y mentales por los que atravesamos, durante un episodio de estos, tienen una razón de ser y están, meticulosamente, manejados por nuestro sistema nervioso. Conocer bien la “anatomía” del pánico te permitirá ver como todas las temidas sensaciones tienen una explicación lógica y entenderás que no hay por qué temer, pues se trata de un mecanismo de defensa de nuestro propio cuerpo, que a pesar de que puede hacernos sentir incómodos, no está ideado para hacernos daño alguno.

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  • Leonardo May 4, 2015, 1:12 am

    Muchas gracias por estos consejos, saludos desde Chile

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